¿Difícil celebrar?
Joel González
Ese cambio que se busca, el que les reclamamos a los políticos, a los poderosos, lo iniciamos nosotros en casa, en la calle, en el trabajo. Amando a nuestra familia, a los que queremos, siendo amables y sensibles al dolor ajeno, poniéndonos en el lugar del otro, sin pisotear a quienes nos rodean para sentirnos alguien en la vida. Ser mexicano no es reírse del cuento de los “cangrejos”, es empezar a borrar esa imagen diariamente.

Violencia, sí. Dolo y crispación, sí. Pero también responsabilidad y compromiso.
Tal vez no es fácil celebrar cuando en la esquina de nuestra casa asesinaron a una persona, pero es sencillo tomar el teléfono para llamar a la policía cuando vemos algo o a alguien sospechoso. Tal vez han muerto muchas personas por el narcotráfico, pero morirán más si nuestros reclamos son sólo palabras al aire.
No es mexicano aquel que pone una enorme bandera en la fachada de su casa y le poncha las llantas al vecino si se estaciona frente a su casa. Es mexicano aquel que puede convivir con esa persona que piensa diferente a él, el que entiende que su Dios no está peleado con tu Dios, aquel que reconoce que la izquierda y la derecha son las partes de un cuerpo completo.
Violencia, sí. Dolo y crispación, sí. Pero también responsabilidad y compromiso. Por nuestra parte, exigir cuentas a los que nos gobiernan, esos en quienes hemos cedido el poder de dirigir la nación que hoy cumple 200 años. La de ellos, los políticos, dejar de pensar en el los costos que impactan en sus bolsillos, y pensar en el futuro de un “todos”.
¿Esperaremos 200 años más para que esto suceda? ¿o de plano necesitamos otra guerra independentista para en verdad poner orden? El movimiento no es a punta de pistola. La nueva independencia la lograremos a punta de “teclazos”, pero no de esos que sólo se usan para quejarse, mejor aún de aquellos que proponen y apuestan.
El progreso no está en manos de “espurios” o “legítimos”, la superación no está en criticar a “los gringos” por segregar a los mexicanos que expulsamos del país, el a mor a México no sólo se demuestra bebiendo litros de tequila “pa sentirme bien macho y romperle el hocico a mi vieja”. Es propuesta, es apuesta, es ir más allá de un reality show de iniciativas que beneficien a unos cuantos.
Por eso propongo reflexionar en cuántas veces hemos lastimado, insultado herido en nuestra vida. Que lo pensemos dos veces la próxima vez que mentemos la madre por un cerrón de coches en pleno periférico, y más aún, pensemos en ceder el paso. Propongo que analicemos cuántos de nosotros hemos dado una moneda a alguien que la necesite, sin pensar que la usará en drogarse o emborracharse.
La propuesta no es ver que tan “mexicanos” somos el 15 y 16 de septiembre. La propuesta es analizar cuánto lo somos el resto del año cuando alguien triunfe en el deporte y al día siguiente lo estemos linchando por ponerse una borrachera. Cuándo critiquemos al hombre más rico del país, pero no seamos capaces de ahorrar para iniciar un negocio propio.
La idea, pues, sería no sólo criticar, sino iniciar cambios. La propuesta es no esperar la dádiva del gobierno y olvidarse de pagar impuestos. Mi idea es, pues, dejar de quejarse y actuar para ser y hacer el cambio que esperas… ¿Con todo esto sería muy difícil celebrar el Bicentenario?…