Textos sin contextos…
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Profundo mar de ira y desesperación
me hundo en tu sexo sin fin
furia sin razón, o con ella
que excita, que explota
Ciego por la rabia de tus besos
con el aura de tu cuerpo
perdido con las flores de tu cielo
la gloria en ti, dentro de ti
flores narcóticas que me tiñen
perfume, dulzura, pasión
mi corazón se quiebra al canto
y, entonces, el cenit
Se esconde, me mira
se escabulle, me rehúye
está ahí, entre la gente
es un mito…
Lo llaman amor…
Joel González
Que delicioso es morir
en las llamas ardientes de la pasión
en el calvario sublime de una caricia
en las mieles amargas de un beso…
Que hermosos es sentirte desgarrado
por la ternura inverosímil
por el vértigo de un susurro
por la ceguera de la piel con piel…
Qué amante se resiste
al terremoto que dejan sus pasos
al torrente ingenuo de las miradas
al frío mar de las palabras…
Qué sería del sendero pasional del tiempo
sin el eterno existir
sin el eco de los abrazos que matan
sin excesos que hacen vivir…
Qué sería pues sin él, sin ella
sin ellos, que se entregan
que se atan para ser libres
que se hieren para querer…
Qué sería de ti
de mí, sin amor…
Ella luce sobre su cabeza bello arte y lindos tocados,
pero esconde bajo sus faldas la lujuria y perversión
Ella cubre con un manto a sus hijos bastardos,
que sobajan sin pudor el decoro de los débiles
Es aquella que se baña de pureza con oro, plata y terciopelo,
y pide humildad a quienes con su sangre la alimentan
Ella es la que absuelve a poderosos y criminales,
pero niega el paraíso a quienes no pagan el perdón
Ella, la que se viste de luto por el mártir redentor,
le importan poco las muertes hechas en su nombre
Ella ha vivido por dos mil años sin cuestionarse,
pero castiga sin juzgar a quienes la refutan
Ella, que defiende la vida desde la concepción,
la olvida cuando se trata de un infante, de una mujer
Ella, que en sus entrañas alaba la virginidad de la madre,
exalta el valor de lo masculino y relega lo femenino
Ella muere, y lo sabe, porque ha perdido devotos,
pero busca rehacerse con terror y ataques vanos
Ella es, decían los cátaros, la puta de Babilonia
Joel González
¿Qué hace un príncipe con el tiempo libre que le queda cuando encuentra a una princesa independiente que no precisa ser rescatada?
Joel González
Vertiginoso
así fue el inicio
Pausado y calmo
así continuó el destino
Y como cualquiera
al llegar a él
terminó.
Joel González
Las palabras, por su libre uso, pueden ser propias o ajenas. Las encontramos formadas de grafías, sonidos o en los pensamientos de otros, y se convierten en nuestras cuando a la mente llegan para ser representadas o materializadas, luego, en forma de ideas.
Cuando escribimos o hablamos, las letras se alinean una a una como pequeños guerreros que formar batallones, para luego convertirse en un gran ejército que ataca sin piedad desde la imaginación de sus creadores.
Suelen ser nobles cuando se les usa para enamorar, y ayudan a los románticos sin remedio a conseguir la salvación. Su violencia no tiene límite cuando, para declarar la guerra, son usadas en un texto lleno de odio entre los humanos.
Las palabras son también religiosas. Conforman grandes libros que explican la verdad absoluta de los dioses; así, en plural. O pueden ser fantasiosas y pelean entre ellas convertidas en grandes guerreros de nombres milenarios perdidos en el tiempo.
Pueden ser tan breves como las ficciones que hablan sobre dinosaurios. Concretar el mejor sentimiento conocido por el hombre en cuatro letras, o explicar el fin de la vida en seis. Una sola de ellas puede denigrar o glorificar a la mujer y someter al hombre.
Las palabras, cada una de ellas con significado propio en diversas lenguas, ayudan a comprender el idioma que hablan sus hermanas. Sin embargo, en ocasiones su simple uso no nos ayuda a entender las marcadas divisiones entre ideologías.
Prepárate para conocer cada día, una vez por día, su correcta escritura y significado; no hay nada peor que hablar con ellas el lenguaje equivocado. Ámalas, a diario, con la intensidad de Shakespeare, la locura de Wilde, el desenfreno de Sade o la profundidad de Nietzsche o Kafka. Si eres un buen amante, el romance durará toda la vida.
Trátalas bien, no les hagas un desaire. Si inicias un libro, no claudiques hasta terminarlo. Pero, si por cualquier razón no puedes estar con ellas, ofréceles una disculpa y entrégate con mayor pasión la siguiente vez. Evita el frío contacto con ellas a través de la computadora y regresa al cálido roce de la tinta con la hoja; ellas lo agradecerán.
Las palabras, que no están quietas, siempre dan de qué hablar. Transgreden el tiempo, o más bien lo trascienden, y convierten a sus autores en inmortales, y porque no, en inmorales. Son fieles amantes y grandes compañeras, pero si se sienten traicionadas, seguro te abandonarán. Sin embargo, para nuestra fortuna, también saben perdonar…
Ahora lo sé…
Joel González
Amor verdadero
Él recorría las calles entre la frenética multitud cuando la vio. Apenas cruzaron miradas y ya sabían que se amarían eternamente.
–Hola, eres el amor de mi vida-, dijo él. –En verdad eres tú el mío-, respondió ella.
Luego de un breve silencio ella preguntó, ¿cuál sería tu máxima prueba de amor?
Sin pensarlo un instante, él dijo: –Te daría mi vida entera, pero la estoy ocupando-. Y siguió su camino hasta perderse en el gentío.
Pesadilla
Anoche soñé contigo. Pero más bien fue una pesadilla, soñé que ya no te soñaría…
Un sueño
Los párpados le pesaban y las ojeras se marcaban de forma prominente.
–Anoche no podía dormir, ¡pensaba en usted!, –le dijo mirando sus ojos claros.
– ¿Qué hizo para conciliar el sueño? –Preguntó ella-, ¿ha podido dormir sólo un poco?
–Eso creo, aunque no sé cuanto, –contestó, al tiempo que se acercaba para besarla.
Y entonces no deseó saber si este era o no el mundo onírico.
Joel González
Inalcanzable
El hombre que mira estrellas caminaba en medio de la noche. Después de un rato encontró a un chico que lloraba a mares.
– ¿Qué es lo que te pasa?, –preguntó el hombre que mira estrellas, – ¿cuál es tu penar?
–Me he enamorado de una luz en el cielo, y no la puedo alcanzar-, respondió.
–Las estrellas, mi amigo, deben quedarse ahí, porque si todos los enamorados pudieran tener una, el cielo quedaría sin un solo lucero.
Entonces, el joven enjugó sus lágrimas y se fue por el camino con el hombre que mira estrellas.
Joel González
Preferencia
La mujer estaba muy molesta, se notaba en su andar. Cundo llegó con él le dijo: –Odio a los hombres, todos son unos cretinos.
Sin chistar, él contestó: –Efectivamente, ¡por eso yo prefiero a las mujeres!.
Joel González
Desilusión
Tardó más de dos horas en redactar la breve carta que explicaba su decisión.
–No soporto más, el destino cruel y malicioso juega conmigo, nadie me amará.
Y, entonces, Cupido clavó una flecha en su corazón.
Joel González


Es usted un gran ejecutor de ese género que yo admiro en demasía, pero del cual desconozco su aplicación: las minificciones. Es grande, sépalo siempre.
Es un gran halago para mi, que me ayuda a continuar reencontrandome… Gracias…